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Reglas claras.
Para el trabajo real.
Convertimos las decisiones de la empresa sobre IA en instrucciones comprensibles: qué se puede hacer, con qué herramientas y cuándo hay que pedir ayuda.












Partimos de tus procesos y de los usos detectados. Definimos a quién se aplica la política, quién la aprueba, quién resuelve consultas y cómo se autoriza una herramienta o un nuevo caso de uso. No imponemos una prohibición general si el riesgo puede gestionarse con controles proporcionados.
El protocolo distingue información pública, interna, confidencial y personal. Define qué puede introducirse en cada entorno autorizado; cómo anonimizar cuando proceda; qué resultados deben verificarse; y quién valida una publicación, una recomendación o una acción. Incluye derechos de terceros, propiedad intelectual y comunicación del uso de IA cuando sea exigible.
El equipo aprende a detener el uso afectado cuando sea necesario, conservar la evidencia sin difundir datos, avisar al responsable y registrar el incidente. El procedimiento conecta con seguridad, protección de datos y continuidad. Las notificaciones externas se valoran según el supuesto y la normativa aplicable: no existe un mismo plazo para cualquier incidente de IA.
Entregamos una versión aprobable por dirección, una guía breve para empleados, un flujo de autorización y un registro de cambios. Recomendamos revisar el protocolo cuando cambien la herramienta, los datos, la finalidad o el nivel de automatización, además de la periodicidad que acuerde la empresa.
Un proceso claro de auditoría de IA para saber qué vamos a revisar, qué recibirás y cómo avanzar.
La persona describe finalidad, herramienta, datos y destinatarios de la salida.
El responsable revisa riesgo, proveedor, privacidad y alternativas.
La empresa fija límites, supervisión, permisos y condiciones de uso.
Se comprueban los resultados, incidencias y cambios antes de ampliar el uso.